Antonio Machado se incorpora al claustro de profesores del Instituto Santísima Trinidad de Baeza el 1 de noviembre de 1912. Durante los siguientes siete años, el poeta vivirá su abatimiento dedicado a la enseñanza y al estudio.
En un primer momento se instala en un hotel céntrico, cerca del Casino, pero al poco tiempo se traslada a vivir con él su madre, Ana Ruiz, con quien se instala en un piso con vistas al Ayuntamiento. Allí les visitan, esporádicamente, los hermanos.
Machado no encuentra en Baeza la Andalucía que recuerda, la de su infancia, sino una ciudad moruna, entre andaluza y manchega, con una sociedad provinciana y aburrida a la que en numerosas ocasiones verá con mirada crítica.
Esta circunstancia le sirve para volcarse en la literatura y en sus estudios de filosofía. En estos momentos, lee intensamente, sigue con sus colaboraciones en el periódico soriano El Porvenir Castellano, mantiene una continuada correspondencia con Unamuno y comienza la redacción de un cuaderno de apuntes que será publicado póstumamente como Los complementarios.
Machado viaja con frecuencia a Madrid, donde sigue en contacto con la intelectualidad española y es testigo de las rápidas transformaciones que experimenta la sociedad de principios de siglo, con la participación de nuevos sectores sociales en la vida pública, la industrialización, el auge del movimiento obrero y de la conflictividad social… Machado no será ajeno a todo ello y colaborará en los periódicos y revistas más destacados del momento junto a una nueva generación de escritores, la generación de 1914, con nombres como Ortega y Gasset, Manuel Azaña o Fernando de los Ríos.